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  • Foto del escritorFernanda Schlack

El torno en movimiento, el arte del molinillo

Esta crónica fue escrita en julio 2022 como parte de un ejercicio de un taller de periodismo durante el Diplomado de Cocinas y Cultura alimentaria en México, usos sociales, significados y contextos rituales de la 11ª edición.


Cuando llegué a México, a principios del 2022, varios utensilios culinarios llamaron mi atención, los principales fueron: la jícara, el metate y el molinillo.

He llegado a la conclusión de que esto se debe a dos razones:

  1. En Chile no existen estos artefactos por lo que para mí son toda una novedad y aquí son de uso cotidiano.

  2. Si bien no son de uso exclusivo para el cacao y el chocolate, temas en los cuales baso mi trabajo, son implementos que forman parte del legado material cacaotero.


En marzo me encargaron una tarea: una nota sobre el molinillo. Con mucho respeto, escribí desde mi posición de recién llegada al país, investigué sobre sus materiales, entrevisté a personas que los usan de manera cotidiana, visité colecciones y leí artículos publicados. Así conocí, a través de relatos y piezas de arte, al maestro Juan Alonso Rodríguez.


El molinillo es un utensilio utilizado para la elaboración de bebidas. Este artefacto es de madera y cumple la función de mover y espumar el chocolate. Además de su utilidad práctica, es considerado una artesanía muy valiosa. Cada pieza es diferente a la otra ya que se elabora de forma manual a partir de un único trozo de madera torneada.


Generalmente, se utiliza como materia prima la madera de un árbol conocido como Palo de Águila o Aile (Alnus acuminata) que se encuentra en laderas húmedas u orillas de ríos y se caracteriza por ser suave y neutral, es decir, que no desprende ni sabor ni olor al entrar en contacto con líquidos calientes. Además, es duradera en el tiempo y no se astilla con el uso. Estos atributos la vuelven ideal para ser transformada en un instrumento para elaborar bebidas.


En mayo, cuando ya llevaba cuatro meses viviendo en la Ciudad de México, asistí al Encuentro Cultural y Gastronómico Cacao y Maíz: doble raíz, el cual se realizó los días 13, 14 y 15 en el Museo Anahuacalli. Muy curiosa por lo que encontraría, y con ganas de ver y probar todo lo que había ahí, llegué el viernes por la tarde. Me quedé prácticamente hasta que se acabó el día: hacia el fondo del pasillo principal estaba la familia Alonso Rodríguez, con su torno y un montón de piezas elaboradas por Juan Alonso.


Juan Alonso en acción

Me acerqué justo cuando estaba comenzando una pieza, tuve mucha suerte porque vi el proceso completo. Junto a él estaba Esteban Alonso, su hijo, a quien le pregunté si podía tomar un video, me respondió que sí, y sin perder la concentración en cada movimiento que hacía Don Juan, lo grabé con mi celular.


Dispuso su pieza en el torno eléctrico. Su primer paso fue darle la figura al molinillo modelando formas curvas y alargadas mientras que la madera giraba. Las astillas empezaban a saltar, el olor maderoso se comenzaba a percibir y el sonido del torno se superponía a la música ambiental del evento. Ya se empezaba a distinguir lo que serían la parte superior, el mango, y la parte inferior llamada bola o burbuja.


Así, empezaron a verse las primeras ranuras y anillos del molinillo. La concentración del maestro era total y su precisión y dominio del oficio capturaba mi atención. A continuación, con un trozo de madera, fue dándole color al quemarlo, lo que luego se vería como si fuera pintura y en realidad es el resultado de la fricción de dos piezas de madera. Él calcula exactamente dónde quiere darle distintos tonos a la pieza.


En ese punto, mis sentidos estaban muy estimulados: había un sonido constante e invasivo, el olor del quemado llenaba el ambiente y la escena se veía como un gran espectáculo.


Luego de unos minutos, el maestro Juan se agachó y tomó un puñado de escarchas de madera del suelo, se las pasó a las partes abrasadas y pasaron de un café mate, a uno brillante como si estuviesen barnizadas. Detuvo el torno, la música volvió a ser la protagonista auditivamente y con una navaja filosa labró a mano, cuidadosamente, distintas figuras y ranuras. Después, volvió a encender el torno para hacer anillos mientras giraba y así también lijó la pieza. En 13 minutos su obra estaba lista: el resultado fue un molinillo muy prolijo y atractivo por su color y formas.





De generación en generación

Compré la pieza, estaba muy asombrada. Comenzamos a conversar. Con mucho orgullo me contó que él es la cuarta generación de su familia que se dedica al arte de hacer molinillos, y que Esteban también ya aprendió el oficio y es parte del proyecto familiar. Incluso, registró la empresa formalmente con el nombre Arteollin Alonso, “Ollin significa movimiento en náhuatl”, dijo el joven.


Juan Alonso mencionó que todo lo que ha logrado es gracias a su esfuerzo y el de las generaciones anteriores. Que las autoridades políticas de Santa María Rayón, en el Estado de México, de donde es originario, no le han dado el apoyo que él quisiera, pero que aún así ha llegado lejos. Ha sido invitado por connotadas universidades a Estados Unidos y ha viajado con su torno a mostrar sus saberes por distintas partes tanto a nivel nacional como internacional.


Actualmente, no solo fabrica molinillos funcionales, también diseña piezas de colección, como molinillos en gran escala de uno hasta cuatro metros, así como mini molinillos para pendientes, plumas y llaveros. Sus tallados son personalizados, logra formas diferentes con su creatividad y habilidad. Le gustaría abrir un museo del molinillo en su ciudad natal para tener su taller más visible y que la gente lo pueda visitar más cómodamente, ya que actualmente lo visitan en el que tiene en su casa.


Hoy, en julio, después de esta experiencia, mis reflexiones se centran en la familia Alonso: en el trabajo de las estirpes anteriores, en el de las actuales y en su perspectiva. Me pregunto cómo ha cambiado la visión de los artesanos de la familia Alonso y el ejercicio de su oficio. No lo puedo saber sin investigar ni entrevistar a personas de esta familia, pero al imaginar que se comenzó porque había la necesidad de molinillos, ¿cómo es que surge la visión y necesidad de visibilizar su labor, poner un museo y elaborar piezas de colección? “El maestro Juan Alonso, tiene una visión nueva, una diferente” me dijeron en una entrevista que realicé a los dueños de una tienda que vende sus molinillos.


Luego de estas experiencias, lo que veo, es que actualmente el molinillo es un objeto que transita entre el uso cotidiano y práctico para la elaboración de bebidas, a la vez que, como objeto ornamental y coleccionable, que sirve para recordar el valor cultural implícito del cacao.


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